Las baldosas exteriores de la terraza soportan lluvia, polvo, hojas caídas y el paso constante de personas, lo que hace que con el tiempo se vuelvan resbaladizas y pierdan su color original. Muchas personas piensan que hace falta un producto especial, cuando en realidad un cepillo firme y agua con jabón suelen ser suficientes.
Barre primero la superficie para retirar hojas, tierra suelta y restos vegetales, ya que fregar directamente sobre esa suciedad solo la extiende y complica el trabajo. Prepara después un cubo con agua tibia y un poco de jabón, y viértelo generosamente sobre la zona antes de empezar a cepillar.
Cepillar en la dirección correcta
Utiliza un cepillo de cerdas duras y trabaja siguiendo las juntas entre baldosas, donde suele acumularse más musgo y suciedad que en el centro de cada pieza. Insiste especialmente en las zonas con sombra, ya que ahí la humedad tarda más en secarse y favorece la aparición de manchas verdosas.
Aclara con agua abundante una vez terminado el cepillado, para que no queden restos de jabón que atraigan más suciedad en los días siguientes. Deja que la terraza se seque al aire libre, preferiblemente en un día sin lluvia, para comprobar bien el resultado final del fregado.
Prueba cualquier producto nuevo en una esquina poco visible si tienes dudas sobre el tipo de baldosa, ya que algunos materiales porosos reaccionan de forma distinta al agua y al jabón. Nunca mezcles varios productos de limpieza pensando que el resultado será mejor o más rápido.
Repetir esta limpieza varias veces al año, en lugar de esperar a que el musgo se instale por completo, hace que cada sesión sea mucho más sencilla. Una terraza cuidada regularmente conserva su aspecto y resulta además más segura para caminar sin resbalones.
Revisa también las macetas y los muebles que descansan sobre las baldosas, ya que suelen dejar marcas de humedad en el suelo si permanecen mucho tiempo en el mismo sitio sin moverse de vez en cuando.