Un ventilador de techo que funciona a diario acumula una capa de polvo sobre las aspas que muchas veces pasa desapercibida hasta que el aparato se enciende y esparce ese polvo por toda la habitación. Limpiarlo con regularidad evita este problema y mejora notablemente el ambiente de la estancia.
Apaga siempre el ventilador y espera a que las aspas estén completamente quietas antes de empezar, por seguridad y para evitar que el polvo salga volando mientras trabajas. Sube a una escalera estable y colócate en una posición cómoda que te permita alcanzar cada aspa sin forzar el cuerpo.
El truco de la funda de almohada
Una funda de almohada vieja, colocada sobre cada aspa antes de deslizarla hacia el borde, atrapa el polvo en su interior en lugar de dejarlo caer sobre los muebles de abajo. Este pequeño truco simplifica mucho la limpieza y reduce el tiempo que después pasarás recogiendo polvo del suelo.
Para las aspas más sucias, humedece ligeramente un paño con agua y un poco de jabón suave, y pásalo con cuidado por ambos lados. Sécalas de inmediato con un paño limpio, evitando que quede humedad que pueda afectar al equilibrio o al motor del aparato con el tiempo.
Prueba el paño húmedo primero en una zona poco visible del aspa, sobre todo si el ventilador tiene un acabado especial o pintado. Limpiar cada aspa por separado, con calma, ofrece mejores resultados que intentar pasar el paño rápidamente por todas a la vez.
Incluir el ventilador en la limpieza habitual de la casa, una vez al mes aproximadamente, evita que el polvo se acumule en capas gruesas y difíciles de retirar. Este pequeño hábito mantiene el aire de la habitación mucho más limpio durante todo el año.
Aprovecha también para comprobar que los tornillos y soportes del ventilador siguen bien fijados mientras lo limpias, ya que el movimiento constante puede aflojarlos poco a poco con el paso del tiempo.